Le pidió por segunda vez que le abriera la puerta. Introdujo la llave en la cerradura y giró la perilla. Lo vio salir corriendo y perderse entre los autos del estacionamiento. Ojalá lo vuelva a ver, pensó.
Regresó a su oficina caminando lentamente por esos pasillos que conducen a frías celdas. Llegó, cerró la puerta y se sentó ante su escritorio. Afuera la alarma sonaba estrepitosamente. Un guardia llamó a la puerta y sin esperar respuesta la abrió.
-Señora directora, un preso se ha escapado de la cárcel.
-En un momento estoy con ustedes, contestó. Se recostó en el sillón, cerró los ojos y se metió en sus recuerdos.
