John y una gata llamada Elvis

-Mamá, mamá, ven rápido. Elvis dio a luz a tres gatitos.

-No puede ser, dijo Julia. Elvis es macho.

-No lo creo, replicó John. Ahora tendrás que cambiarle el nombre.

Elvis era el gato que Julia había adoptado para suplir en parte las largas ausencias de su esposo Alfred.

Pronto el chisme de “una gata llamada Elvis” recorrió el vecindario.

John decidió llevar los gatitos a la cual consideraba su segunda casa, la casa de su tía Mimí. Los llamó Tich, Tim y Sam.

-¿Tía, te molesta si traigo unos gatitos a la casa? Preguntó John a Mimí.

-Ya has traído otros ¿No? Fue la respuesta.

John también avisó a la señora Smith, quien tenía un puesto de pescado en el vecino pueblo de Woolton que aumentara la dosis de comida para gatos que llevaría a casa después de su ensayo con el grupo de rock que apenas había formado, los Quarrymen.

Los Quarrymen se hicieron populares y con la adición de nuevos integrantes cambió el nombre a los Beatles, a quienes ofrecieron una residencia en Hamburgo. Mimí inmediatamente se opuso.

-No quiero que vayas, le dijo a John.

-No te preocupes, le contestó. “Te hablaré cada noche después del concierto”.

La noche del primer concierto, John llamó por teléfono a Mimí.

-¿Cómo están los gatos? Le preguntó.

Un 8 de diciembre, un enfermo mental disparó a John por la espalda a las puertas del edificio donde vivía. Cuando Yoko regresó del hospital esa tarde le comunicó al grupo de gatos que la miraban expectante:

 -Nos hemos quedado huérfanos.

Y presionó la tecla PLAY de la reproductora de casetes. La voz de John inundó el departamento.

It’s all because of you

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